viernes, 18 de noviembre de 2011

Busco un horizonte.

Desde el momento en el que se hizo de noche, sólo podía ver las estrellas, no veía nada más. Sentí dolor, sufrimiento, angustia, soledad, cosas que mi alma abrazaba con la fuerza de un titán. Cabizbajo, exento de toda esperanza, permanecí unido a una realidad distorsionada por las sombras, una realidad que no me dejaba ver la luz. Busco un horizonte, no veo nada, ni un camino que seguir, sólo siento frío, silencio, un mundo inerte...

No podía ser mi final, necesitaba una salida, un mínimo de esperanza, pero comprobaba que los sueños, sueños son. Un día decidí no descansar, levanté la cabeza y ví un resplandeciente sol naciendo de la tierra que pisaba. Era, pues, el Sol que guiaría mi alma hasta la salida del agujero negro que conlleva pensar.

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