Muchas veces me doy cuenta de que la realidad es como el acero: es dura, y por muchos esfuerzos que hagas por doblegarla, ésta permanecerá impasible. Muchos desisten en el camino que han elegido, pues la vida les ha obligado a elegir esa decisión. Ninguno decide entrar a la telaraña que es la vida, por eso nadie puede asegurar que pueda ser doblegada. Sin embargo, hay gente que por muy difícil que sea ésta continúa luchando, y es que la vida es una pequeña cadena de acero protegida por un etéreo candado.
No hay ningún mapa del tesoro que nos conduzca a la llave que abre ese candado, pues ésta no es material. Está en un sitio más cercano de lo que imaginamos. Está en nuestra alma, en nuestra mente, y está compuesta por sueños.
Y es que los sueños, sueños son, pero están hechos del antídoto que nos cura del amargo sabor que a veces nos deja la vida. Soñar no es un pecado ni está prohibido, además, es el único lugar en el que no estás sometido a las leyes de la naturaleza, sino a las leyes de tus deseos. Lo que tu alma anhela, pidiéndotelo mediante tu subconsciente, sería la Constitución de tus sueños, por lo cual eres libre de soñar y desear lo que anhelas.
Quizás en la vida real eso sea imposible, pero no hay que desanimarse, por que soñar no es tan malo, y siempre puedes volver a soñarlo. Si no sueñas, o no recuerdas el placer de tus sueños porque tu memoria siente envidia de sus normas, no sientas pena, porque eso significa que la vida te está dando una nueva oportunidad por la que luchar.
No desistas, nadie ha elegido vivir, pero cada uno puede elegir su camino, así que, ¿qué es soñar?, es solo una receta en la cual algunos ingredientes pueden ser añadidos a la realidad.
Cumple tus sueños, si quieres, puedes.
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