miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un nuevo hermano.

El abismo, la oscuridad, ¡qué gratificantes son cuando las conoces durante tanto tiempo!
Caminaba sin rumbo, perdido, solamente podía divisar un grisáceo horizonte que nunca parecía terminar.
Pasaban horas, días, meses... pero el camino no terminaba, no tenía fin. 
Sin embargo, nunca cesé, nunca miré hacia atrás, nunca me arrepentí de lo que caminé, y seguí mirando hacia delante, con la cabeza bien alzada. Y eso tuvo su recompensa.
Veía edificios oscuros, de color gris con marcas blancas, había un silencio absoluto, incluso agobiante.
Me adentré en la ciudad, ¡habían personas!, pero... no se movían, eran del mismo color de la ciudad, sus caras eran tristes, apagadas, me recordaban tanto a mí. Habían ocupados hombres con sus carpetas, mujeres que cuchicheaban entre ellas, madres tristes, pero en ninguna de esas personas vi un atisbo de felicidad.
Me acerqué a un barrio y pude ver a alguien, pero no le conocía de nada. Destacaba en una cosa, ¡tenía más color que los demás! ¡No era gris!, pero sin embargo tampoco tenía colores vivaces, sino más bien oscuros.
Pude ver que estaba charlando con alguien con su ordenador, y conforme lo hacía más gris se ponía. ¡No puede ser así! ¡Que no acabe como los demás! -pensé.
Me acerqué a él, y vi que no era consciente de mi presencia, por mucho que lo intentase, no lograba verme. Logré ver con quien hablaba por el ordenador, no puede ser... ¡era yo!.
¡Yo era quién le volvía gris sin querer, pero a su vez quería que recuperase su vivaz color!
Caminé hacia detrás, consciente de lo que estaba haciendo sin querer, y cerré mi corazón.
Hacer eso fue lo que más me dolió,y él pasó a ser gris. 
No tenía que pasar eso, yo quería ayudarle ¿por qué empeoro las cosas?.
Lo pensé largo y tendido, y no lograba obtener soluciones. 
El tiempo pasaba y mi mente se asfixiaba ante ese remolino de pensamientos.
Estabas tan cerca pero a la vez tan lejos...

Tuve que aprender a canalizar los sentimientos para no dañar a los demás, porque él  fue víctima de mis errores. 
Sin embargo, no desesperé, no lo olvidé.

Él es un nuevo hermano, cuyos colores recuperaré.


cachas.


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