viernes, 20 de enero de 2012

Mi lastre, mi perdición...

A veces soy un niño que vive con la inmadurez propia de la recien obtenida juventud, que corretea alocadamente sobre la húmeda tierra, que engrandecerá tus futuros recuerdos.
Otras veces no soy tan niño, me veo atacado por el conocimiento, que reside en lo más profundo de mi mente. Esta tan presente y a la vez escondido que siempre lo recordaré, nunca me podré librar de él. El conocimiento no es malo, es un camino que despeja numerosos obstáculos que se presentarán a lo largo de mi vida.

Pero las virtudes del conocimiento varían según la persona...

Yo soy esa persona, ese tipo de persona en la que la presencia de ciertos conocimientos suponen mi lastre, mi perdición. Lo tengo todo en cuenta, lo estudio todo antes de actuar hasta tal punto de no hacerlo. Es un remolino que te lleva al tedioso camino de la costumbre, el miedo y los prejuicios.

¿Algún día me liberaré de las cadenas del miedo que apresan sin motivo alguno mi proceder? Deseo que, de una vez por todas, despierte volviendo a ser el niño despreocupado que una vez fuí, anhelo oler la húmeda tierra sin tener que preocuparme por las bacterias, los insectos y las heridas que me pueda hacer al tropezarme, deseo no tener las cadenas que mi propia mente se ha forjado.

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