Existen dos mundos: uno embadurnado de belleza, sentidos, imágenes, sombras, destellos, sentimientos, pasiones, personas... otro incorpóreo, donde el destino ni siquiera tiene escrito en su libro lo que sucederá, otro mundo en el que los sentimientos se materializan y la materia se vuelve abstracta.
Son dos mundos tan contrarios y tan unidos entre sí... de hecho esta unión es la que causa nuestro sufrimiento. Cuando el destino termina de escribir tu historia, no tienes más que huir al mundo incorpóreo, independientemente de tu estado en el mundo material, en el que están las personas que te aman.
Así es, en el mundo que tocas, están las personas que te aman, y en el otro, las que te amaban. En uno ves, sientes, hueles, oyes... en el otro, reduces todo eso a tu esencia, capaz de todo y a la vez de nada.
En un mundo todo hecho está estudiado y determinado... el otro no se rige por las mismas leyes de la naturaleza.
El día en el que el destino decida acabar tu última frase, irás a ese mundo, será un adios eterno... una despedida triunfal, como aquel caballero que muere en la guerra, o desastrosa, sin que nadie te recuerde...
Y es que ese desconocido mundo, el incorpóreo, sólo puede ser conocido a través de la muerte, por que si no, ¿Cómo es posible que, en toda la historia de la humanidad, no haya sido descubierto?.
En este mundo están las personas que amas, que te aman ahora mismo, no tengas prisas por descubrir el otro, deja que el destino decida por tí, y no decidas tú por él.
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